Por Hugo Pérez White
“El clima global se verá alterado significativamente como resultado del aumento de concentraciones de gases invernadero los cuales están atrapando una porción creciente de radiación infrarroja terrestre y se espera que aumentarán la temperatura planetaria entre 1,5 y 4,5° C.”.
Así comenzaba el proyecto (moción parlamentaria) presentado a la Cámara de Diputados el 16 de agosto del año 2005 por el ex diputado Leopoldo Sánchez Grunert y que no fue aprobado en esa oportunidad. “Hasta el día de hoy duerme el sueño de los justos”, expresa con tristeza y algo de nostalgia el ex parlamentario.
Leopoldo Sánchez decía en ese entonces que era indispensable que las naciones del orbe junto con cumplir con los compromisos adquiridos al suscribir el Protocolo de Kyoto debían preocuparse también de asegurar la disponibilidad de acceso al agua y uso racional de los recursos hídricos, los cuales están siendo directamente amenazados por la constante sequía que estamos afrontando, por los cambios demográficos constantes, los regímenes de apropiación frecuentes y la contaminación de los cursos y depósitos naturales de agua dulce.
También está en aumento la contaminación doméstica e industrial, problema que afecta tanto a países industrializados como aquellos en vía de desarrollo y ante este escenario nuestro país se encuentra en una situación privilegiada en el contexto global, pues es poseedor de importantes reservas de agua dulce.-
Estas reservas tienen como base esencialmente la presencia a lo largo del territorio nacional de más de mil quinientos glaciares, y de dos grandes campos de hielos, uno en la Región de Aysén y el otro en la Región de Magallanes, que son los que nutren en la temporada estival los ríos y buena parte de los lagos de nuestro país, estimándose que estas reservas de agua desaparecerán completamente en 20 o 30 años por lo tanto es urgente tomar medidas precautorias hasta donde el hombre sea capaz de usar positivamente su creatividad e inteligencia y manejar eficientemente el desarrollo tecnológico para aminorar los daños que se van a producir.
Este proyecto fue presentado hace 5 años en la Cámara de Diputados y sigue durmiendo en los archivos del Congreso, mientras los glaciares se están derritiendo por los efectos del calentamiento global y también por la fuerte intervención humana como sucede en la tercera región de Atacama.
El texto del artículo único propuesto para agregar a la ley 19.300 decía:
“Con todo, ni aún sometiéndose al sistema de evaluación de impacto ambiental podrán desarrollarse actividades o ejecutarse proyectos en las zonas glaciares, salvo que éstas tengan exclusivamente finalidades de investigación científica o de aprovechamiento ecoturístico o de aprovechamiento del derretimiento natural del hielo y el escurrimiento de las aguas. En estos casos, los proyectos deberán ser sometidos al sistema de evaluación de impacto ambiental.
“El clima global se verá alterado significativamente como resultado del aumento de concentraciones de gases invernadero los cuales están atrapando una porción creciente de radiación infrarroja terrestre y se espera que aumentarán la temperatura planetaria entre 1,5 y 4,5° C.”.
Así comenzaba el proyecto (moción parlamentaria) presentado a la Cámara de Diputados el 16 de agosto del año 2005 por el ex diputado Leopoldo Sánchez Grunert y que no fue aprobado en esa oportunidad. “Hasta el día de hoy duerme el sueño de los justos”, expresa con tristeza y algo de nostalgia el ex parlamentario.
Leopoldo Sánchez decía en ese entonces que era indispensable que las naciones del orbe junto con cumplir con los compromisos adquiridos al suscribir el Protocolo de Kyoto debían preocuparse también de asegurar la disponibilidad de acceso al agua y uso racional de los recursos hídricos, los cuales están siendo directamente amenazados por la constante sequía que estamos afrontando, por los cambios demográficos constantes, los regímenes de apropiación frecuentes y la contaminación de los cursos y depósitos naturales de agua dulce.
También está en aumento la contaminación doméstica e industrial, problema que afecta tanto a países industrializados como aquellos en vía de desarrollo y ante este escenario nuestro país se encuentra en una situación privilegiada en el contexto global, pues es poseedor de importantes reservas de agua dulce.-
Estas reservas tienen como base esencialmente la presencia a lo largo del territorio nacional de más de mil quinientos glaciares, y de dos grandes campos de hielos, uno en la Región de Aysén y el otro en la Región de Magallanes, que son los que nutren en la temporada estival los ríos y buena parte de los lagos de nuestro país, estimándose que estas reservas de agua desaparecerán completamente en 20 o 30 años por lo tanto es urgente tomar medidas precautorias hasta donde el hombre sea capaz de usar positivamente su creatividad e inteligencia y manejar eficientemente el desarrollo tecnológico para aminorar los daños que se van a producir.
Este proyecto fue presentado hace 5 años en la Cámara de Diputados y sigue durmiendo en los archivos del Congreso, mientras los glaciares se están derritiendo por los efectos del calentamiento global y también por la fuerte intervención humana como sucede en la tercera región de Atacama.
El texto del artículo único propuesto para agregar a la ley 19.300 decía:
“Con todo, ni aún sometiéndose al sistema de evaluación de impacto ambiental podrán desarrollarse actividades o ejecutarse proyectos en las zonas glaciares, salvo que éstas tengan exclusivamente finalidades de investigación científica o de aprovechamiento ecoturístico o de aprovechamiento del derretimiento natural del hielo y el escurrimiento de las aguas. En estos casos, los proyectos deberán ser sometidos al sistema de evaluación de impacto ambiental.

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