Hoy vuelvo a ser alumno



Hoy vuelvo a ser alumno, de básica, de media, desordenado en los recreos, un poco retraído en clases; fumador social del cuarto “C” 1993, más estudiante del montón que sanmateíno destacado, “ignaciano” porfiado y a mi medida, “chiquillo” como diría Enrique Moreira; gozador de Literatura, rebelde de la Matemática y protestante con el Inglés.
Hoy vuelvo a ser alumno, y me coloco esa corbata plomo y mora, que de lana pasó a seda, al igual como yo pasé de niño a adolescente en una aldea colegial que vuelve a ser mía a través de mis recuerdos, de lo que hice, no hice o dejé de hacer dentro y fuera de los espacios de calle Barros Arana.

Un día como hoy, a los 34 años, vuelvo a ser alumno, y me siento como alumno, pensando en el privilegio de traspasar esa Puerta de Los Cuartos y reviviendo la mística historia de los First Fathers de Maryland, con Boyle, Henry y otros 4 jesuitas americanos llegando a Osorno, tras el “lobby social” de monseñor Valdés, que además de un colegio tenía el sueño de construir comunidad.

Hoy vuelvo al San Mateo para continuar siendo alumno; disfrutar de la fraternidad de mi “hermanito” Donald Ward, de la semana aniversario en que me la jugué por mi curso, del Test de Cooper que abandoné a “lengua afuera”, de las increíbles fiestas y fiestas de gala de un colegio de puros hombres y de los sufridos campeonatos de fútbol Francis Kownacki.

Quiero volver a ser alumno de San Mateo porque quiero escribir por fin en El Cultrún; ponerme a disposición de quienes desde este espacio logran hacer un periodismo de verdades y expresión “sin compromisos”, y con el “plus” de poner en circulación el mejor producto estudiantil de Chile.

Pero quiero escribir en este Cultrún y también en el que alguna vez dirigió John Müller, hoy director adjunto de El Mundo de España, cuya pluma elegante e insolente sigue siendo recordada por sus ex compañeros, profesores y lectores locales que de vez en cuando se deleitan con sus columnas sobre Osorno y los osorninos escritas desde Europa.

Hoy vuelvo a ser alumno para imaginar que escribo este “Cultrún” en stencils e imprimo en roneo, pasando de la protesta a la propuesta, soñando que estudiaré periodismo y que luego en mi trabajo, junto a otros ex sanmateínos, podré plasmar mi idea y concepto de noticia.

Quiero ser nuevamente alumno para tener la posibilidad de arrepentirme de ir al “ring” al que una vez me sentenció mi amigo “Chifeo”, o para formar mi propia comunidad CVX con personalidad y sello, o para familiarizarme un poco más con las clases de Arte, de guitarra y con el ahora tan urgente ejercicio y la sala de máquinas.

Regreso a San Mateo para valorar una historia de formación que han conocido ya 50 generaciones de estudiantes que, con convicciones, claridad y pensamiento crítico hoy construyen el mundo, al igual como lo harán los futuros egresados y también los “Machuca” que como yo llegaron un día con una mochila cargada de ilusiones propias y familiares.

Con mis brazos sin mucha musculatura porque nunca fui al gimnasio; mi P.A.A. poco felicitada, sin Cultrún ni CVX porque me dediqué más bien al fútbol y otros oficios, vuelvo a ser alumno para contarle orgulloso a mi hijo Javier del cuarto año básico “A”, que el San Mateo, ese que es suyo y mío, sigue estando entre los 10 mejores colegios de Chile.


Por Francisco Reyes C. (quien nunca escribió en El Cultrún).
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